lunes, 15 de diciembre de 2008

¡Ánimo Javier!

El sábado supe que un amigo mío, Javier S., ha engrosado las listas del paro. Quizás sea ya el parado número 3 millones, pero el gobierno no le va a dar ningún regalo porque, según parece, esperan darle el premio al número 4 millones.
Javier es de izquierdas, pero de los de verdad, de los que aún tienen fe en Izquierda Unida, lo cual es un esfuerzo digno de todo reconocimiento, y la semana pasada decidieron que su trabajo en una empresa de informática ya había terminado. Se le ve un poco chafado, pero entre todos intentamos animarle. Tiene una mujer muy guapa y gran persona, que se llama María José, y una familia política de derechas, lo cual debe suponerle no pocos dolores de cabeza. Y ahora tiene más tiempo que estar con su familia política, por fuerza.
Todos los ánimos que podamos darle son pocos. Ayer, en una conversación en la cocina a tres bandas, sacamos los colores a Zapatero por no haber hecho las reformas necesarias para que nuestra economía no dependiese del ladrillo (porque mira que lo criticó y tuvo tiempo de hacerlo); destapamos la existencia real de hipotecas basura en España (todas esas que se dieron alegremente por los bancos) que, de no haberse concedido, hubieran reducido la demanda y fomentado realmente el alquiler; la cara dura de los constructores al reclamar que el papá gobierno compre todas las viviendas vacías para crear una gran bolsa de alquiler (¿y por qué no se reconvierten y crean ellos una gran bolsa de alquiler privada? Que alguien responda, por favor)... Pero Javier estuvo prácticamente callado, a pesar de que siempre ha tenido argumentos para rebatirnos, hacer una conversación interesante y lograr que las largas tardes de invierno no sean aburridas.
Y no hay buenas perspectivas: Aunque Cayo Lara ha sido elegido nuevo coordinador de Izquierda Unida, Gaspi sigue de diputado y Madrazo en el País Vasco; Zapatero sigue en el gobierno y el FMI vaticina un decrecimiento del 1% del PIB de 2009. Lo dicho: todos los ánimos que podamos darle son pocos.