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jueves, 1 de septiembre de 2011

El triste ciclo económico español

Antes de que Zapatero ganase sus segundas elecciones, mintiendo acerca del pleno empleo y de que lo de la crisis era una mentira inventada por Pizarro para meter miedo (aunque ya se perdían empleos a chorros y era penoso ver a Caldera decir que ya estábamos en recuperación porque la segunda quincena del mes se había observado una ralentización de pérdida de empleo), era de la creencia firme que las reformas que Zapatero era incapaz de imponer para aguantar de la mejor forma posible la crisis, tendría que imponerlas el Partido Popular cuando ganase.

Así sucedió cuando Aznar llegó a la Moncloa herendando el erial de Felipe González: tuvo que tomar las riendas de la economía y aplicar medidas drásticas, tales como la congelación del salario de los funcionarios y que, tras su descongelación los funciorios públicos no hayan hecho más que perder poder adquisitivo a lo largo de los años. Y otras reformas, como la laboral, dinamitada entonces por los sindicatos.

Es lo que pasa ahora y lo que va a pasar a partir de enero si, tal y como parece, Rajoy pase a ventilar las habitaciones del palacio que ocupa ZP, aunque  algunas comunidades gobernadas por el PP no se den por enteradas.

Sin embargo, eso cambió cuando Zapatero, aunque diciendo que estábamos en crisis pero ignorándola, tuvo que doblar la rodilla ante la realidad (llámese Merkel u Obama) y hacer justo lo contrario de lo que predicaba o, peor aún para su ego, hacer justo lo que anteriormente echaba en cara al contrario y de lo que se mofaba. Tal es el caso de que, machaconamente en cualquier debate en en Congreso, Zapatero le espetaba las diferencias entre el gobierno del PP de Aznar y el suyo, concretamente a cuenta del famoso decretazo congelador de los sueldos de los funcionarios. Y en mayo de 2010 Zapatero, cabizbajo, no sólo congelaba de nuevo los salarios públicos: los rebajaba un 5% de media, además de otros tantos recortes sociales.


Ahora, después de que Trichet diese un toque a Zapatero igual que mandó una carta a Berlusconi, se va a acometer una reforma de la Constitución por le vía rápida para limitar el déficit, reforma que fue recibida con sorna cuando la propuso el Partido Popular en año pasado. Las consecuencias de mantener siempre al Partido Popular marginado aduciendo que siempre está contra las medidas (inútiles) del gobierno para afrontar la crisis son que, cuando la aplastante realidad de las cosas lo imponen, uno tiene que humillarse,  entrar en la sede genovesa y reformar la Constitución aprisa y corriendo. ¿Acaso no hubiera sido mejor afrontar la necesaria reforma hace un año con sus trámites, sus debates, buscando mayores consensos y con su referéndum (no necesario)? ¿No habría tenido así nuestro país una mayor imagen de soberanía y normalidad democrática y no tener que pasar la vergüenza de que nuestra Carta Magna se reforma chapuceramente por orden de un francés?

¡Claro que hubiera sido mejor un referéndum! Pero ni los dictatoriales mercados nos dejan (o sea, la lógica de los hechos) ni los tiempos marcados lo permiten. Y la responsabilidad impide el gozo de ver a un incómodo Rubalcaba predicar lo contrario de lo que piensa y a un partido defender lo contrario de lo que ha hecho a lo largo del gobierno socialista con Zapatero a la cabeza en la campaña del referéndum.

A pesar de todo, el triste ciclo económico español no acabará hasta el día en que Rajoy jure o prometa el cargo de Presidente de Gobierno y nombre a sus ministros, no comience a aplicar las duras medidas económicas necesarias que no pasan precisamente por un recorte mayor a los salarios públicos y a los derechos sociales, sino por una eliminación radical del derroche, de gastos inútiles y de subvenciones que sólo se explican desde el servilismo, y por una apuesta por la eficiencia en toda la administración pública.

Lo malo, si no lo peor, es que el ciclo se repetirá cuando gobierne de nuevo el PSOE, sin las lecciones aprendidas y con la búsqueda del poder por el poder como único objetivo.

sábado, 22 de agosto de 2009

Decretazo y demagogia socialista

Todos hemos visto cómo el negacionismo de la crisis de Z. y la ineficacia de las improvisadas medidas contra la leve turbulencia económica, y la aplicación de medidas puramente electoralistas como la del cheque-bebé o los famosos 400 euros del IRPF, han hecho que el monstruo de la crisis de los 5 millones de parados sea mucho mayor y más virulento que en países de nuestro entorno, como Francia o Alemania, que ya empiezan a salir tímidamente de la recesión.
Ahora, Pepiño Blanco, al que siempre he considerado un imitador de Alfonso Guerra pero sin las horas de lectura y melomanía del ex-vicepresidente del gobierno, insinúa la congelación de facto de los sueldos de los funcionarios, bajo la perífrasis de fijar los niveles de contención salarial, según Europa Press. Como apunta el diario El País: "Si la inflación se recupera el año próximo, como prevé la mayoría de los analistas, ese incremento podría incluso suponer una pérdida de poder adquisitivo."
Por supuesto, los sindicatos, empezando por CC.OO., están dispuestos a plantear el debate.
Todo esto destaca con la posición de los socialistas, empezando con Z., cuando el Partido Popular, en su etapa de gobierno con José María Aznar, congeló el sueldo de los funcionarios en el famoso decretazo. La congelación, totalmente impopular y con la oposición frontal de los sindicatos ahora claudicantes, fue una medida necesaria para la recuperación económica de aquel momento.
Y el decretazo ha sido muchísimas veces esgrimido en todo tipo de debates, desde los electorales hasta en los del Estado de la Nación, por Z. y su séquito para atacar al Partido Popular, antes y después de haber gobernado.
En numerosas conversaciones siempre he mantenido que esta política económica del gobierno de Z., al final, conllevaría a tomar medidas serias pero drásticas, irremediables y dolorosas para evitar el desastre. El constante despilfarro de recursos públicos como el Plan-E, el cheque-bebé, los 400 euros, y un largo etcétera, en vez de la contención del gasto y la reducción de impuestos para reactivar el consumo, y una reforma para la flexibilización laboral, han llevado a que incluso la permanencia de España en el sistema monetario común del euro esté cuestionada.
Ahora se plantea la congelación salarial de los funcionarios, llámese contención salarial o congelación a secas, y los sindicatos van a a apoyar esta medida (quizás mientras no se congelen las subvenciones). Una medida que va a resultar inevitable debido a la situación económica a la que nos ha llevado un gobierno iluminado por la improvisación pero que, desgraciadamente, va a estar llena de demagogia y no va a hacer rectificar el cinismo socialista que seguirá atacando al Partido Popular y a Aznar por el decretazo.

sábado, 27 de junio de 2009

Un principio que Rajoy olvida

Tras leer la crónica de Libertad Digital sobre el autohomenaje que se han brindado aquellos que, por ganar unas elecciones con un porcentaje de participación del 46%, se creen que el resto ha refrendado la estrategia del Congreso de Valencia, hay sólo una cosa que quería reseñar, pues comentar la autocomplacencia con la que vive el partido dentro del rajoyismo resulta incluso cansino.
Según esta crónica, Rajoy ha dicho: "asumimos todo nuestro pasado, con sus aciertos y sus errores; los aciertos, especialmente en la etapa del Gobierno de José María Aznar, que son nuestro aval para el mañana". Y ha reclamado a los suyos: "un esfuerzo para olvidar lo que merece ser olvidado".
Pues hay un acierto de la etapa, no ya de gobierno, sino de oposición de José María Aznar, que Mariano Rajoy parece fuertemente decidido a olvidar, como si la lucha contra la corrupción y la asunción de responsabilidades políticas, por encima de las posteriores judiciales, mereciesen ser olvidados.
Si de verdad Rajoy se aferrase a esos principios ("un partido son sus principios"), si de verdad asumiese los aciertos de la etapa de José María Aznar y si, en vez de querer olvidar quisiera, en cambio, recordar lo que merece ser recordado, Luis Bárcenas ya habría sido expulsado de su cargo hace mucho tiempo por la vía expedita. Pero no.

jueves, 4 de junio de 2009

Que hable Rubalcaba

Pepiño Blanco ha conseguido lo que quería, objetivo cumplido. Ya no se habla ya del Falcon de las Fuerzas Armadas utilizado por Z. entre mitin y mitin. Sacando la figura de Aznar, ese satán particular que tienen los socialistas, y el número de personas que componen su seguridad y también la de su entorno, ha añadido un ingrediente más a ese cocido de aviones militares, brotes verdes, trajes valencianos y acontecimientos planetarios. Tras esto, que nadie se extrañe de una baja participación del electorado.
Pero Blanco parece olvidar que quien establece las medidas de seguridad de los ex-presidentes, o de los ministros como él, es el propio Gobierno a través del Ministerio del Interior, y no lo establece José María Aznar, el cual, recordemos, es el único presidente del Gobierno que ha sufrido un ataque terrorista.
"Yo no critico, lo digo para que Rajoy me diga si es mucho o poco", dice Pepiño. ¿Pero no tendrá que decirlo Rubalcaba, que es el ministro competente que pone los escoltas para la seguridad de Aznar? ¿Qué tiene que decir Rajoy? Pues lo único que tiene que decir: Que todas las medidas que el Gobierno crea que tienen que adoptar para proteger la vida del ex-presidente y su entorno serán las correctas, pero que siempre serán pocas ante la tenacidad de los terroristas.
Y Rubalcaba aún no ha dicho nada acerca de que un ministro de fomento tenga conocimiento de las medidas de seguridad de los ex-presidentes, lo cual deja claro la responsabilidad que se tiene al abordar la protección de las distintas personalidades. Porque... ¿cómo lo sabe? ¿Un chivatazo, o una filtración desde el Ministerio del Interior o de la Policía? ¿O quizás un comentario en un Consejo de Ministros que debía permanecer, bajo juramento, en secreto? En mi opinión, el uso de una información que debería ser materia clasificada, reservada, top secret, o como quiera que se diga, para un uso electoralista, es mucho más grave que el uso de un avión militar por parte de un Presidente del Gobierno para acudir a un mitin.
Por último, Pepiño dice: "Cincuenta sueldos nos cuesta Aznar". Olvida Pepiño los más de 3,5 millones de sueldos que nos cuesta su presidente Zapatero, escolta aparte: los que engrosan la lista maquillada del INEM y los ministros como Pepiño.

sábado, 21 de febrero de 2009

Pepiño Blanco enchufa el ventilador

Que sea esta una alabanza a Pepiño Blanco, ese hombre. Es el único capaz de intoxicar de tal manera que las culpas y torpezas propias se conviertan, por arte de demagogia, en ajenas. Concretamente del Partido Popular, y si es de hombre retirado de la política (aparentemente) llamado José María Aznar, pues mejor.
Todo viene a cuento de la última de Pepiño, según cuenta Libertad Digital: "Blanco sentencia que Aznar es el culpable de que Enel se haya hecho con Endesa". Y todo por haberla privatizado. Y no por los experimentos de aprendiz de brujo de Zapatero, no por los favores que debía a La Caixa por los millones de euros condonados al PSC, no por las torpezas de Sebastián y todas esas cosas que, una persona que haya ojeado la prensa sabe perfectamente quién es el responsable de que una empresa que ya era campeona nacional (sin necesidad de inseminaciones montirovirenses), se haya convertido en campeona berlusconiana.
Podemos decir que, efectivamente, Aznar terminó de privatizar Endesa, pero de algo que se ocupó el Gobierno Aznar, con Rodrigo Rato como Ministro de Economía, es de no permitir la entrada de capital público extranjero en empresas españolas, algo que (no hace falta ir mucho atrás) sí se ha permitido con Zapatero con la entrada de Enel y casi sucede lo mismo con Gazprom o Lukoil.
Pero la perla de Pepiño que más me dolió (y que fue vaticinada por Cayetana Álvarez de Toledo en su columna de El Mundo), y me dolió porque no creí que el PSOE fuera capaz a llegar a semejante bajeza, fue cuando dijo aquello de que "si fracasa el proceso de paz, será por culpa del PP". Sólo cabe una interpretación a esas palabras, y los socialistas lo dejaron claro en el velatorio de Isaías Carrasco.
Pepiño Blanco es como Alfonso Guerra, pero quitándole todas las horas de lectura y estudio, sus horas de melomanía y su gracia andaluza. Así no es de extrañar que este intoxicador de la palabra ponga el ventilador en marcha para hacernos creer semejantes embustes. Suelta mierda, que algo queda. Qué clase política, qué nivel tiene este señor. Asi va España.

sábado, 10 de enero de 2009

La torpeza popular y Víctor Gago

Víctor Gago ha pedido disculpas por las declaraciones en una tertulia radiofónica en la que decía que la jefa de prensa del Partido Popular era la culpable de las filtraciones que acusaban a Aznar de viajar en avión privado y de ser el padre del bebé de una ministra francesa, declaraciones por las cuales la mencionada jefa de prensa, Carmen Martínez Castro, ha interpuesto una demanda judicial al tertuliano de Intereconomía.

Mi pregunta es cómo Mariano Rajoy, el jefe de la jefa de prensa, al que se le supone un mínimo de inteligencia política, no ha impedido esta demanda judicial, la cual ha permitido que la mayor parte de los medios, incluida la blogosfera, se echen las manos a la cabeza ante tamaño ataque a la libertad de expresión.

Ignoro si Carmen Martínez Castro tiene la razón en este asunto y si Víctor Gago ha sobrepasado los límites de la libertad de expresión, eso tendrá que determinarlo el juez, a menos que la demandante aceptara las públicas disculpas del periodista y retirara la demanda judicial. Pero no me cabe en la cabeza que Rajoy no haya previsto la reacción que iba a provocar esta demanda. Creo que ha demostrado, en cierto grado, una torpeza política casi intolerable en un líder de un gran partido que, además, está en horas bajas.

Hay una frase que bien podría ser una norma en política que todos deberían tener muy presente: "No empieces aquello que no sepas cómo va a acabar". Zapatero lo sabe muy bien cuando dijo en un mitin aquello de aceptaré el estatuto que salga de Cataluña (...) y ahora lo debería saber Mariano Rajoy con la demanda judicial a Víctor Gago, que se suma a la demanda gallardoniana contra Federico Jiménez Losantos para que, por la torpeza política de quienes se lo guisan en Génova 13, desde la propia derecha, la de la calle que vota, se le diga al PP que lleva a juicio a la Libertad.

A Mariano Rajoy esto le supone la rebelión de los que faltaban por rebelarse, que es lo que le faltaba.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

La razón del desempleo, según Felipe

Leo un artículo del diario de Enric Sopena "El Plural" el titular siguiente: "Felipe González: "En España se destruye más empleo porque hasta ahora se creaba más rápidamente". ¿Cómo puede ser la Derecha tan tonta que no se había dado cuenta de ello? La culpa de que tanta gente se esté quedando en ese drama llamado desempleo es por culpa de Aznar, Rato y Rajoy, por haber creado la infraestructura económica por la cual se crea empleo rápidamente. También Bush. Y no la tiene Zapatero, que a pesar de que todos los indicadores económicos anunciaban la crisis que se avecinaba, no se molestó en restructurar la economía para no hacerla tan sensible al bluf inmobiliario, sino que, además, creyéndose que el superávit era eterno, se dedicó a la política electoralista del subsidio.
Ahora sabemos los planes económicos de ZP y cía: destruir empleo lo más rápidamente posible para poder crearlo de manera rápida después.

martes, 25 de noviembre de 2008

La pasión por convencer para seguir vencido

Ante unas palabras de símil futbolístico de José María Aznar a las Nuevas Generaciones en Madrid, en las que exhortaba a ganar el partido y no ha heredar el gobierno, Mariano Rajoy dijo que lo que le movía era su pasión por convencer.
Efectivamente, la pasión por convencer del líder(?) del PP hizo que este partido aumentara el número de votos respecto a las elecciones de 2004. No obstante, Zapatero convenció a gran parte de los radicales y fue él quien venció. Pero a Rajoy, quien se cree que convenció (cuando en realidad quien convenció a votar al PP fue el propio Zapatero), le bastó para seguir confortablemente en el despacho donde suena "The Police" y en el primer escaño, por la derecha, de la segunda fila del Congreso, frente a las numerosas voces de sentido común que le convenían a que dimitiera por el bien del partido. En una imaginaria paranoia, Mariano creyó que la culpa de la derrota del Partido Popular no la tuvo él, sino otras razones entre las que podríamos enumerar estas: Una.- El mal debate del inexperto Pizarro frente al aburrido Solbes. Dos.- El lastre del debate sobre el 11-M, la teoría de la conspiración y el discurso radical de la AVT. Tres.- Acebes y Zaplana. Cuatro.- Esperanza Aguirre por no dejar poner a Gallardón en las listas. Cinco.- El cordón sanitario de los artistas de la ceja. Seis.- Una mala campaña publicitaria.
Como se puede observar, ninguna razón le incluye a él. Podemos valorar de muchas maneras todos los puntos anteriores, pero también es cierto que Rajoy tuvo responsabilidad al perder los debates frente a Zapatero, también que no tiene una imagen (respaldada con un gran carácter) tan importante hoy en día y tampoco tiene carácter (y como buen gallego, no se sabe si sube o si baja). Es decir, puede ser un gran gestor pero es un pésimo líder porque carece de lo fundamental: liderazgo.
Rajoy heredó (error fatal de Aznar que quiso dejar las cosas atadas y bien atadas, y en estas nos encontramos) el poder del partido de su jefe creyendo que podía ganar al bambi Zapatero, con el respaldo de las encuestas a favor. Pero se encontró a un adversario político de lo más astuto que, frente a una campaña gris (recuerden aquello de "hay un señor que grita mucho", por no llamarle por su nombre) opuso una gran campaña electoral (la del zp), y después vino los atentados del 11-M y la campaña de Prisa. ¿Hubiera ganado Rajoy las elecciones sin el 11-M? Mucho me temo que no.
Nada más perder las elecciones de 2008, Rajoy decidió, para sorpresa de muchos de sus correligionarios, heredarse a sí mismo. Y para heredar no dudó en quitarse de encima a Acebes, Zaplana, María San Gil y a alguien como José Ortega Lara; tampoco dudó en desdemocratizar el Congreso de Valencia, acaparando los avales en blanco como si fueran trofeos y asegurándose la candidatura única, el famoso congreso a la búlgara.
La peligrosa obstinación de Rajoy por heredar el poder (rehuyendo de dar la batalla donde hay que darla, con la convicción de ganarla con el poder argumentario del que dispone) puede llevarnos al paisaje tenebroso en el que, tras perder las elecciones que vienen, el líder popular se empeñe en seguir heredando sin caer en la cuenta de que el verdadero problema es él (porque las habrá perdido por culpa de Losantos)
O, peor aún, que tras ganar las elecciones europeas y,posiblemente, las gallegas, Rajoy se crea que puede ganar las elecciones generales. Zapatero le tiene cogida la medida al presidente popular, y le ganará las elecciones de 2012, haciendo ver que "ya estamos viendo la luz al final del túnel de la crisis en la que nos habían metido las políticas neoliberales del gobierno popular del que Rajoy formaba parte, y vemos la luz gracias a las políticas socialdemócratas con las que Z. ha liderado el G-20". Eso y el bonobús, y Zapatero hasta 2016.
A Rajoy no le basta con que los sordomudos le identifiquen con el gesto de la barba y mandar sms's diciendo palabras como "prosperidar" con erre de Rajoy. Al Partido Popular le basta con elegir como líder a alguien que tenga madera de liderazgo. Porque si las cosas no cambian drásticamente, el único que va a heredar el poder de Zapatero va a ser el propio Zapatero. Y si eso ocurre, ¡ay de España!