martes, 24 de febrero de 2009

Han cazado el cervatillo, quedan los lobos

No hace falta decir que es, para todo demócrata que se precie, una satisfacción de ver a Bermejo fuera del gobierno, pero no por ello se debe bajar la alerta. La engrasada maquinaria electoral socialista, tan precisa como siempre, ya está en marcha y nos quiere vender la dimisión del cazador como un ejemplo de rectitud política de la que carece el PP, en ese uso tan estudiado que la neoprogresía hace del ventilador.

Luis Solana se proclama orgulloso de ser de izquierdas, en una columna de El Plural, a tenor de los escándalos de corrupción. Dice: "Un militante del PSOE comete un delito de cohecho y todo el Partido Socialista empieza a ser señalado como delincuente. Un militante del PP comete ese delito y en nada se contamina su partido. Todos le protegen hasta que llega la sentencia e incluso después. [...] Y ¿sabéis lo que os digo? que me siento orgulloso de pertenecer a un colectivo al cual la sociedad no le perdona posibles delitos con el dinero público. Todos en IU y en el PSOE tenemos que estar orgullosos de que no se nos perdone nada en este terreno".
Sin querer recordar quién ganó las elecciones de 1993 y quien casi las gana en 1996, a pesar de toda las corruptelas que sucedieron bajo el gobierno socialista, sí que habría que pedirle que abriera un poquito los ojos y que señalase un artículo del diario digital en el que escribe un artículo, al menos, sobre los posibles indicios de corrupción o clientelismo que se suceden en los gobiernos autonómicos socialistas, o si Enric Sopena se hizo eco de, por poner un ejemplo, de esta noticia.
Escribe Javier Valenzuela, también en el Plural: "La dimisión del ministro Bermejo es una buena noticia para los progresistas españoles. Prueba que el nivel de exigencia ética y estética en este campo es muy superior al existente en el campo conservador" (sic). Y se pregunta: "Bueno, ahora que el PP ya no tiene el pretexto Bermejo, ¿empezará la limpieza en su propia casa, rebosante de mierda por numerosos casos de espionaje, corrupción y lucha fraticida por el poder? ¿Dimitirán los presidentes de las comunidades de Madrid y Valencia y/o sus consejeros presuntamente implicados en esos asuntos? Ah, no, de eso nada. Podemos estar seguros. En el PP no dimite nadie. Peor aún, la mayoría de los votantes de la derecha no piden a los suyos que dimitan, les toleran todo, corrupciones incluidas, con tal de que se les llene la boca de ¡España, España, España! ".
La estrategia socialista es clara: Bermejo no ha dimitido porque Rajoy pidiese la hora; ha dimitido porque lo ha aconsejado la jugada. El PSOE queda limpio de toda mácula y vuelve a ser un partido íntegro éticamente hablando. Y ahora toca el asunto del PP, ese partido lleno de corruptos a los que Rajoy permite campar a sus anchas en Génova, 13 y la política española.
La alegría de Rajoy no es justificada: la aparente estrategia del PP, que se mueve tambaleando entre las portadas del gulag mediático, era de un sólo tiro. Se ha cobrado el cervatillo. Quedan los lobos.