sábado, 14 de febrero de 2009

España venezolana

Cada día que pasa uno ya no sabe si vive en Venezuela, donde Chávez no quiere testigos incómodos para que su victoria no sea denunciada como el engaño que quiso perpetrar en el anterior referéndum de perpetuación, o en España, ese país que en 1978 se proclamó como un Estado Social y Democrático de Derecho y que, en estos momentos agrios del zapaterismo, esas palabras suenan más bien a un anhelo que a una realidad. Si bien el gorila rojo se reivindica como una caricatura de un Luis XIV bolivariano (l'Etat ce moi), acá en España parece que la izquierda tenebrosa quiere desvirtuar el primer artículo de nuestra Constitución.
¿Acaso este es un Estado Social, donde el Gobierno inope de Z. tiene como única solución para paliar el desempleo aumentar las ayudas a los desempleados y se permiten el lujo de rechazar de plano las medidas que ofrecen los demás sin ni siquiera tomarlas en consideración? ¿Dónde están los silentes sindicatos ante unas cifras de paro que doblan la media europea? ¿Acaso esperan a que el paro alcance las 4 millones de dramas personales, si bien eso no perjudicará los ingresos por afiliación?
Mientras, al contrario de lo que sucede en un Estado de Derecho ejemplar, el gobierno socialista (¿bolivariano?) se permite ir de caza con el juez mediático para, eso parece, hablar del placer de la caza y partirse la caja con las greguerías de Montesquieu, mientras este juez mediático ejecuta una instrucción filtrada ante un Partido Popular al que se le impide defender sus intereses y recusar al juez otrora diputado socialista.
Mientras, la prensa de izquierda ejerce contra el Partido Popular un sinéqdoque tendencioso a pocos días vista de dos elecciones autonómicas en que Rajoy se juega su credibilidad ante el electorado, ése que, para bien o para mal, no entiende de avales en blanco.
Bienvenidos al bolivarianismo (¿o mejor zapaterismo?), bienvenidos a la España venezolana.