martes, 20 de enero de 2009

No son las previsiones. son los hechos

Las previsiones casi catastrofistas que ha ofrecido Joaquín Almunia para la economía española han sido desmentidas por nuestro imaginario ministro de Economía Pedro Solbes, indicando que las cifras pronosticadas por la Comisión Europea no se van a cumplir: "Creemos que esa cifra no se va a alcanzar", refiriéndose al 18,7% de tasa de desempleo frente al 15,9% que pronostica el Gobierno de Z.
Hay que pararse a temblar cuando nuestro gobierno dice que en el 2009 vamos a tocar fondo y que 2010 debería ser un mejor año, y más cuando esas cifras son corregidas por organismos que, aun comisionados por un socialista como Joaquín Almunia, indican que el futuro es más negro todavía.
Siempre quedará en la memoria cuando, por puro electoralismo, Z. y los suyos negaban la crisis, a pesar de los más de cien mil nuevos parados; cuando Solbes, con el ojo permanente guiñado, decía que no había crisis, sino que había unas ligeras turbulencias, una pequeña desaceleración, y siempre diciendo que las previsiones de los analistas eran muy equivocadas. No han sido las previsiones, han sido los hechos los que le han dejado al descubierto su desvergüenza para ignorar los datos que reflejaban la dura crisis.
Quedará, si no en los anales de la Historia, sí en las páginas más groseras de El Jueves, las cuatro perlas con que nos obsequió el Gobierno: Cuando Z. dijo en el Senado que nadie pronosticó que la crisis fuese a ser tan severa (y desde la bancada popular se oía: ¡Pizarro!). Cuando Solbes dijo ante el Congreso que el gobierno nunca negó la crisis, lo que provocó la risa generalizada. Tercero, cuando Zapatero, en un discurso, esperaba (quizás de la Divina Providencia) que los analistas se equivocasen de nuevo respecto a la crisis, pero para bien, es decir, que se acabara antes de lo pronosticado. Y la que más recordaremos será esa de que "las previsiones de desempleo más pesimistas serán mejores que las más optimistas de Aznar".
No son las previsiones, son los hechos. Así, las previsiones del Gobierno siempre han sido corregidas por todos los demás, y los hechos han sido peores que las previsiones. Y si Solbes, con ese discurso tan parecido al zumbido de un frigorífico, dice que en 2009 vamos a tocar fondo, los hechos nos van a obligar a todos a escarbar con las uñas para llegar aún más abajo.