viernes, 26 de junio de 2009

¿Objetivo militar del PNV?

Con noticias como la leída en la edición digital de La Razón y Diariovasco.com, uno entiende el fracaso económico de las distintas administraciones donde los nacionalistas meten la patita, donde se centran siempre en lo menos necesario. La noticia es la siguiente: "El PNV protesta contra el Ejército por colocar una bandera de España en un monte vizcaíno".
Al parecer, José Ramón Beloki, portavoz del PNV en la Comisión de Defensa, ante una marcha del Ejército Español, concretamente del Regimiento "Garellano", que culminó con la coronación del monte Gorbea y, como es tradicional, colocaron la bandera nacional (para nacionatontas: la española), ha preguntado a Carme Chacón (la ministra que aún mantiene en su cargo al director del CNI), por qué "objetivo militar" perseguían nuestros soldados, mostrando su profunda preocupación por lo que califica "exhibición de la bandera". Además, según los nacionalistas, no se informó al Ayuntamiento de Zenauri.
Ante esta marcha militar, "contemplada en el plan anual de ejercicios y que contaba con todos los permisos tanto de la Delegación del Gobierno como de las autoridades locales y autonómicas, al igual que ya pasaba con las maniobras paracaidistas que se celebraron durante veinte años", el PNV, con Urkullu a la cabeza, ha decidido convocar para el 4 de julio una marcha montañera con ikurriñas a la cruz del mismo monte, pensada como un "homenaje a la ikurriña".
Varias preguntas me asaltan ante esta noticia: La primera es qué objetivos militares persigue el PNV al hacer una marcha que, más que pro-ikurriña es anti-rojigualda. La segunda es que si Urkullu y los suyos califican la bandera española en un monte español como "exhibición de la bandera", ¿acaso un homenaje a la ikurriña, bandera de un partido, no es otra exhibición de una bandera? La tercera es que si esta marcha hará olvidar a la izquierda lo del islote de Perejil.
Y la cuarta, y no por ello menos importante, es que cuánto dinero del sueldo de la ministra, del diputado, de los empleados del Congreso, del uso del edificio de la Carrera de San Jerónimo, etc., nos cuesta a los contribuyentes la pregunta en cuestión. Y ya que estamos, cuánto dinero nos cuesta a todos los españoles que los políticos atiendan semejantes tonterías.