Una de las cosas por las que se caracteriza el gobierno zetapé es por la improvisación. Zapatero improvisó con su gobierno, utilizando personajes de perfil tan bajo como su nivel; y esa improvisación se ha impregnado en todo su equipo de gobierno, lo que convierte sus decisiones en auténticas chapuzas. Así no es de extrañar de Solbes quiera irse a descansar y que parezca que Pepe Gotera y Otilio están arreglando la cocina por la que tan bien se desenvolvía Alfonso Guerra.
Un tema en el que Z. ha conseguido, una vez más, dividir a la sociedad, es el del aborto. (Y por favor, huyamos de eufemismos progres y llamemos a las cosas por su verdadero nombre: es aborto y no interrupción voluntaria del embarazo.) Y todo ha sido gracias a la improvisación de este gobierno, empezando por el momento en que se designó a una aprendiza como miembra de un ministerio sin contenido. Y después la improvisación de Bibí Aido para sacar adelante toda una ley del aborto durante las remodelaciones de su despacho de diseño.
He tenido oportunidad de leer muchas opiniones en muchos blogs de todas las opiniones y tendencias, muchas provida y otras proabortistas, algo que personalmente no ha cambiado mi modo de pensar, pero que sí ha dejado de manifiesto que el aborto es un tema aún muy delicado y con el que no se puede frivolizar como se ha hecho desde la progresía zapateril. Desde el punto de vista político, ésta es otra chapuza socialista como la copa de un pino, fruto de la improvisación.
El tema del aborto, hasta el momento, era un tema en el que, gracias al paso del tiempo, se había alcanzado un cierto consenso social o, quizás mejor dicho, una cierta calma. Pero Z., por no se sabe qué razones, ha decidido remover el avispero.
Partamos desde la base que después de los escándalos del doctor Morín, el que practicaba abortos a niños nonatos, era necesario un debate alrededor del aborto y una reforma legislativa. Efectivamente, Bibí quiso que, ante los ojos de la opinión pública, ese debate se realizara, pero exclusivamente entre expertos proabortistas, por lo que fácilmente se podía adivinar el resultado del comité. En la calle se quedaron grupos provida y miles de científicos que, aun pudiendo estar a favor del aborto, hubieran dado una visión científica de lo que muchos denominamos "de cuándo comienza la vida".
En primer lugar, no se habría partido del principio del aborto libre, como bien quiso recalcar Bibí desde su bisoñez, sino de los preceptos de la ley actual y de que el aborto es, en sí mismo, un drama. Muy posiblemente, se habría llegado a una ley de plazos, pero con ciertas restricciones, como por ejemplo el deber de información a las madres que quieren abortar y del deber de permiso paterno en menores de 18 años. Y quizás se habría ahondado en el tema de la adopción y protección al niño desamparado, de modo que una familia no tenga que adoptar en China porque en España no puede.

Y ante un debate que podría haber resultado muy interesante y que posiblemente su resultado habría sido una ley razonable para toda la sociedad, Z. ha conseguido dividir a la misma con la ayuda de sus medios de la ultraizquierda, atacar otra vez a la Iglesia (que en absoluto ataca a la mujer y su libertad, como se pretende hacer creer desde la progresía zapateril, sino que defiende sus creencias) y, seguramente a sabiendas de ello, que no se hable de la crisis.