domingo, 9 de noviembre de 2008

Mariano ha perdido mi voto

Cuando Mariano Rajoy perdió las elecciones generales y salió al balcón abrazado a su esposa, esperaba ese gesto que lo dignificaría por siempre: su dimisión. Y no una dimisión al estilo Llamazares, sino una dimisión al estilo de los dictadores de la antigua Roma: "Señores, mi cometido al frente del Partido Popular ha terminado, ahora me voy a mi granja a cuidar mis gallinas y cultivar el huerto".


Debió creer Mariano que la culpa de perder las elecciones la tuvo Esperanza Aguirre por su órdago a grande con Alberto Ruiz Gallardón, y no su carencia de liderazgo; o que la tuvo el lastre Zaplana-Acebes, en vez de su falta de carisma. Aznar no lo tenía, pero tenía toda la energía en defender las ideas y los valores frente al corrupto felipismo.


Creo que el momento clave en que Rajoy perdió las elecciones fue en la despedida del segundo debate entre Z y Mariano. Zapatero repitió aquello de "buenas noches ... y buena suerte". La pausa entre las palabras esbozó una sonrisa, y no tuve más remedio que reconocer que Zapatero superó las críticas que recibió tras el primer debate por utilizar una frase periodística, pero desconocida para el pueblo llano. Reconocí, y lo sigo reconociendo, que esa sonrisa le valió ganar los dos debates. Y le valió por dos razones: La primera es que Mariano no supo ver la jugada y siguió con la fábula obamista de la niña, y segundo que no atacó ni se defendió con la dureza que se merecía Zapatero. Éste se jugó los debates a un gesto, y ganó. Lo siento por Mariano, pero Zapatero tiene más imagen (y un poderoso engranaje propagandístico que la explota), y contra ella sólo cabe la férrea convicción de las ideas y los principios.
(http://www.youtube.com/watch?v=ZpIAK27WVRQ)

Ahora, encerrado en sus fantasmas, Rajoy ha virado la nave popular hacia el simpatiquismo, diluyendo la energía a la hora de defender las convicciones y las ideas que sustentan un partido, que no hace la oposición enérgica al gobierno como debería y, de repente, se suma a ese consenso socialnacionalista, como si hubieran olvidado que era un partido al que intentaban aislar por mantenerse fiel a sus votantes. También parece olvidar una lección extraída del resultado de las elecciones de marzo del 2008: Quien se acerca al PSOE, éste le fagocita.


Yo no voté al PP para que me engañara. Y no voy a votar a un hombre que fue capaz de hacer un gran discurso como el de la toma en consideración del estatut, y ahora no sabe qué decir porque prefiere la política que siguió Zapatero frente a Aznar: el dialoguismo, el pactismo, el parlamentarismo, el buenismo... Sin darse cuenta que eso tiene resultado cuando se tiene imagen, porque es pura imagen, y Mariano no la tiene. A este paso, Mariano Rajoy es capaz de admitir que en marzo de 2008 no había crísis, sino "unas ligeras turbulencias", y que era Pizarro quien mentía realmente.
Mariano ha perdido toda credibilidad como líder del PP pero, sobretodo, ha perdido mi voto. Estadísticamente, eso es peor.