viernes, 15 de mayo de 2009

Sexo, mentiras y Tamiflu


En los años del felipismo se fomentaba el diálogo de los padres con los hijos para tratar el tema del sexo y drogas, a fin de evitar embarazos no deseados, enfermedades venéreas y tener un yonqui en casa, con el drama que eso conlleva, mientras la doctora Ochoa recordaba eso de hablemos de sexo.
Pero ahora, una vez que el gobierno de Z. ha vaciado de contenido el núcleo de la familia (en todas sus modalidades), la base del diálogo y la comunicación de los padres e hijos, algo que parecía tan progre en aquellos años, Bibí y Trini han decidido que las menores de 18 años puedan abortar sin conocimiento de sus padres y, ahora, cualquier niña a cualquier edad podrán comprar la píldora abortiva con la paga semanal. Y los padres sin saberlo.
Así, el menor que no puede ir de excursión sin permiso paternal, el menor que no puede votar, el menor que no puede comprar tabaco ni alcohol ni entrar en una discoteca ni jugar a máquinas tragaperras, el menor que necesita consentimiento paterno para una operación, el menor que está en la cartilla de la Seguridad Social de los padres y que son éstos quienes pagan los medicamentos, el mismo menor cuya responsabilidad de sus actos corresponde a los padres, ese mismo menor podrá abortar y comprar la pastilla abortiva sin que sus padres tengan que saber nada, a pesar de ser ellos los responsables de su desarrollo y de sus actos y quienes seguro le habrán dado el dinero para que, sin saberlo, compren esa pastilla (a menos que ya trabajen o se dediquen al trapicheo).
Y Trini y Bibí dicen que no va a convertirse la famosa pastillita del día después en un verdadero método anticonceptivo, cuando todo el mundo sabe (excepto las ministras que deben faltarles alguna salida nocturna) que el hombre le dirá a la niña que para qué usar preservativo si después puede tomarse la pastilla sin problemas. Y la misma Trinidad Jiménez, tan campante, quien no tiene inconveniente en dar sin ton ni son pastillas abortivas a las niñas, con quién sabe qué efectos secundarios (aún en debate), decide, sin embargo, retirar el Tamiflu de las farmacias porque los españoles mayores de edad somos tan gilipollas e hipocondríacos que no sabemos automedicarnos como lo haría una niña.
Y ante este despropósito, lo único que se le ocurre al PSOE es debatir si debería adelantarse la mayoría de edad a los 16 años, en vez de reflexionar, dialogar y rectificar.

3 comentarios:

Llibert dijo...

"El hombre le dirá a la niña... " A la pobre niña desvalida, sedotta e abbandonata, el pérfido baronet, con tal de satisfacer sus lúbricos fines, la convencerá de perderse por la insondable pendiente de lujuria y perdición, a cambio de una pastilla (que como en las ejecuciones chinas, además pagarán sus padres). Bueno, bueno, bueno. A ver si a quien le faltan unas saliditas nocturnas es al Ala Derecha. Me parece que a estos criterios decimonónicos ya no responde más que la niña de Rajoy, que las demás andan de vuelta de casi todo.

Si evitamos algun embarazo indeseado o algun aborto de los de verdad (que esa píldora no es abortiva)algo habremos ganado.

Mar García Cases dijo...

Felicitemos a todos los votantes del psoe. Ahora sus hijas podrán abortar sin que ellos se enteren, y el resto se las podrán montar porque su madurez les permite también "sexo libre". Los pederastas estarán bien contentos, se les rebajará la mayoría de edad y podrán tener sexo con niñas de 16 sin culpa ni pena.
Y como ahora las mujeres se pueden casar con otras mujeres convirtiendo el matrimonio en un simple contrato yo quiero y exijo poder casarme con cuatro hombres. ¿Qué diferencia hay? ¿Porqué no puedo ser polígama?

Llibert dijo...

Eso es poliandria. Y sin ahondar más en la filosofía del coemntario, no sería yo quien te la prohibiese. Tu misma, si soportar a uno ya tiene mérito, métete en casa con cuatro. La enumeración de las desgracias que eso conllevaría, daría para una novela (épica, eso si), En el mejor de los casos montarían una peña futbolística. En el peor, te zurrarían los cuatro. Por turnos o al alimón.